Ayer comenté en el trabajo que era mi último día y una chica de veintitantos me preguntó si me iba a jubilar. Me iba de vacaciones.
No estamos haciendo viejos, amigo.
No obstante, aunque viejo, tengo cosas que decir, como cualquier señor que se toma un carajillo en el bar del barrio, como cualquier conserje de edificio que sale a por el enésimo cigarrillo del día y detalla sus puntos de vista sobre futbol y política, sobre la materia y la conciencia, a cualquier paseante inadvertido que le pide fuego.
Hablo por hablar,
Mejor dicho, escribo por escribir, como he hecho siempre.
Y tú, amigo, no puedes hacer nada al respecto.
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